Me gusta la música. Desde pequeña he tenido algún grupo fetiche al que adorar, y de adulta acumulo álbumes en mi Mp4 o en el maletero de mi coche. Me levanto unos días con Mano Negra y me acuesto otros con Chris Martín... en mi oídos. Es por eso, y porque me gusta enseñar, que procuro hablar de música actual, de conciertos y de nuevas bandas a mis alumnos. Y, es por eso, que procuro prepararles canciones con actividades cada pocas semanas.
Todos los que nos dedicamos a la enseñanza de idiomas somos conscientes de la importancia y utilidad de esta herramienta didáctica. Los objetivos didácticos comprenden desde la mejora en la pronunciación, la aplicación de reglas morfosintácticas o la ampliación de vocabulario, hasta el acercamiento a la cultura del país en cuestión. Sólo son necesarias una serie de reglas que debemos cumplir a la hora de hacer uso de la música en las aulas. Yo creo que la cumplo todas, o casi todas: variedad en la actividades, en la presentación de la canción (mediante el vídeoclip en primer lugar, fotos del artista, historia de la banda...), y sobretodo, en el tipo de canción que les voy a colocar.
Hace unos años, y con un grupo reducido de alumnos de 2º de Bachillerato, me atreví con los Smiths y no salió nada mal. Conforme he ido conociendo otros centros y otro tipo de alumnos, algo diferentes, he ido cambiando el registro musical, siempre dentro de unos límites. Es decir, me he ido adaptando a las circunstancias y a los gustos actuales de éstos, los alumnos del siglo XXI. En resumen, he hecho todo lo que está en mis manos para unir mis dos grandes pasiones dentro del aula. Sin embargo, todavía no he salido de una de estas sesiones musicales del todo satisfecha. Y, después de mucho analizar la situación, he llegado a una conclusión. El nivel musical de los críos de 15 años está por los suelos por dos razones: por un lado, el peep peep de la playstation es la banda sonora del 80 % de ellos; por otro, el resto no escucha más allá del raggaeton y las rumbas, y el que escucha rap o similar, está tan pendiente de colocarse la gorra y los pantalones enseña-culos que no se preocupa de asimilar lo que el rapero de turno les he está contando.
No obstante, no me doy por vencida, y para la próxima semana les tengo preparado otro temazo de los 40 Principales, eso sí, a las 8.30 de la mañana, que estarán tan alelados que no tendrán ganas ni de pelearse porque no les pongo a Melendi o El Barrio. ¿No se darán cuenta que cantan en español? Ay...cómo cuesta.




2 comentarios:
El año pasado también hacíamos cosas de esas en la clase, y la verdad estaba bastante bien.
Pero claro, una cosa es verlo, y otra es cantarlo. Y otra verlo para cantarlo, que es lo que hago yo en el coro. Y la verdad es que siempre tienes algún fallo, pero todo se va mejorando. Además, cantar en otros idiomas no es fácil, en especial si se trata del alemás. E incluso del castellano antiguo. Pero me gusta lo que estoy haciendo en el conservatorio, y además el día 15 actuamos!!!
Ya pondré algo en mi blog sobre cómo me fue la audición de piano. Me parece que voy a tocar el op.299 de Czerny, pero todavía no está claro. Búscalo en youtube, y verás más o menos de qué va. Y eso es sólo un estudio, pero este año voy a hacer más cosas ( me parece que sinfonías o invenciones a 4ó5 voces).
Y, ya que estamos, te respondo al comentario de mi blog. Tienes mucha razón en lo que has dicho, todo depende de nosotros.
Y tengo la guía Lonely Planet de Roma. Si quieres, te la presto , como tuviste que comprarte la de París... Eso sí, cuidado de no perderla!
Un saludo (uf qué comentario más largo he hecho; me enrollo como una persiana persa de las que verías en Irán XD).
Cuando estaba en tercero y cuarto el maestro nos solía poner música clásica mientras nosotros hacíamos los deberes.
Ah, por cierto, ya que tienes experiencia con la Vespa en Roma tendrás que montar en una, ¿no?
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