No existe ciudad sin su propio Soho; ya no hablamos de lugares como Londres, Nueva York o Buenos Aires a los que dedicaré esta entrada, también encontramos pequeños sohos en nuestras ciudades. Lugares en donde el arte, la literatura, la música o el diseño, a los que se les niega la entrada a los grandes museos, librerías de cuatro plantas, discografías multimillonarias o desfiles de alta costura, encuentran un par de metros de calle o un bazar escondido donde poder lucirse sin trabas ni muros.
Empecemos por Londres, ciudad que no vale dejar sin antes poner un pie en la céntrica Old Compton Street, calle que atraviesa el Soho londinense y es una perfecta mezcla de "lo mejor y lo peor" de la capital británica. Sex shops, cafeterías, pubs, peluquerías, boutiques... en donde se hace notar un vientecillo libertino, desordenado y pícaro que revuelve la melena a cualquiera que los visite. Rodeando el barrio, sitios tan nombrados como visitados: Leicester Square donde encontrarás tanto marcha como londinensas y londinenses apestando a pinta; Chinatown y sus tropecientos restaurantes de comida barata oriental; Charing Cross atestada de librerías (dicen que no hay libro imposible de encontrar en esta zona); y por último, Fitzrovia, más tranquilo que su vecino barrio del Soho.


Para quien tenga un bolsillo lleno y remendado, no hay mejor lugar al que volar que el Palermo Viejo de Buenos Aires. Lugar del que sólo puedo hablar de oídas pero por cuyas calles espero estar andando dentro de poco. El centro bohemio de Buenos Aires se divide en dos zonas: el Palermo-Hollywood ocupado por estudios de TV, Cine y Publicidad, y el Palermo-Soho, donde el carácter independiente de sus vecinos crea tendencia. Así podemos encontrarnos estudios de diseño, anticuarios, bares para todos los gustos o casas "recicladas" aptas para el más extravagante de los negocios.


Hoy mi viaje acaba en la capital del mundo, Nueva York. Nos acercamos a Manhattan y después de un par de horas con los ojos mirando al cielo, relajamos las cervicales en el antiguo barrio de artistas, que durante los años 60 y 70, convirtieron fábricas baratas en sus lofts y estudios. Hoy en día, el nivel económico de la zona es tal que muchos abandonaron la zona, dejando sólo las boutiques, restaurantes y establecimientos, que por su exclusividad han pasado a manos de los yuppies de la zona, sin olvidar a los miles de turistas que pasan por los escaparates con caras de asombro mientras saborean el perrito a dos dólares de la esquina.

Como decía al principio, todos tenemos nuestros
sohos, más o menos grandes,
vanguardistas o valederos de aparecer en las guías turísticas, sin embargo vale la pena dejarse llevar por ese viento loco y atrevido que nos empuja a ser un poquito más
pensantes, diferentes e independientes.