viernes 12 de diciembre de 2008
Empieza la Cuenta Atrás...
Se huele por los pasillos, en ellos y en nosotros. Estamos todos desquiciados, alterados, locos... Ellos/as se revuelcan por los suelos cual luchadores de sumo, se empiezan a arrancar los respectivos piercings a bocados (hoy unos de mi alumnos venía con el suyo de la ceja ensangrentado) y se muestran tan dóciles como leones y leonas enjaulados.
Dentro de nuestros dominios el ambiente no es mejor. Si te atreves a adelantar tus aprobados y suspensos antes de la semana que viene, malo. Si caes en el trapo de discutir la decisión de fulanito/a de aprobar o suspender a menganito/a, malo. Yo ni tengo notas listas ni intención de comentarlas. Soy del bando de los que se comen el mantecado o el pastelito que alguien ha traído ese día, bien acoplada en la mesa camilla de la sala de profesores, riéndome de las paridas de unos/as y asintiendo ante las sensateces de otros/as.
Mi posición la tengo clara. Estamos muy lejos de las rebajas, que por estos lares empiezan en Junio, y no voy a hacer descuento a nadie aún. Lo que hay es lo que hay, lo siento amigo/a. Tienes siete cates...pues qué le vamos a hacer, "yo me lo guiso, yo me lo como". Si te has dedicado a pensarte durante 45 minutos cada clase a como sacar un cuaderno de la mochila, a pelearte con el de cuatro mesas más allá por tu boli y a mejorar tu manejo con la papiroflexia...(¡¡¡bola va!!!), mi ética profesional me impide subirte de ese 3 o ese 4 que tan poquito esfuerzo te ha costado sacar. Yo me he partido la garganta, he agotado mi energía y me he levantado cada mañana soñando con quince criaturas chillonas a las que he tenido que enfrentarme minutos más tarde. ¡Qué no! ¡Qué no rebajo!. La próxima vez, vayan a hacer sus compras con más ganas y más cabeza y me mostraré más misericordiosa.
Quedan cuatro días, cuatro días de cantar notas, espero sin mucha discusión este primer trimestre, comida-juerga (como dice E) antes de cada sesión de evaluación y comilón-juergón el viernes para despedirnos. Pero yo, yo ya adelanto la tragedia de volver después de 20 largos días de vacaciones...así que el viernes voy a olvidarme de mi profesión durante tres semanas y a emular a mis niños... ¡¡¡bola va!!!
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Etiquetas: Educación, Reflexiones
lunes 1 de diciembre de 2008
LITTLE JOY
Fabrizio Moretti, batería de los Strokes, lanza su primer proyecto con Little Joy en un, esperemos, descanso que se ha tomado después del éxito conseguido con su banda neoyorkina, The Strokes. Junto a su novia Binki Shapiro (summer wine voice, como dicen algunos), y Rodrigo Amarante, cantante de Los Hermanos, Moretti crea un disco lleno de folk, pop y sonidos tropicales que nada tiene que ver con el estilo de los Strokes. La idea, que se fragua cuando Amarante y Moretti se conocen en un festival en Lisboa, ha recibido excelentes críticas de todos los medios. Del álbum homónimo me quedo con Evaporar, o mejor, con Moretti cantándomela en una de sus playas brasileñas...
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Etiquetas: Música
jueves 27 de noviembre de 2008
I am, You are, He is...
Por fin me he reído a carcajada limpia dando una clase. Será por los días que llevamos de relativa tranquilidad en el instituto después de un claustro en el que se nos repetía al profesorado las normas que debemos llevar a cabo en el insti, sino queremos que se nos coman vivos los salvajitos. También ayuda la expulsión de ciertos individuos que muy profesionalmente y con una sangre fría alucinante provocaban el caos en las aulas. Lo cierto es que a las dos de la tarde (mala hora para que una clase salga medianamente decente), no he podido sino reírme CON una alumna por el disparate más gordo que había escuchado hacía muuucho tiempo. Descripción: ella, una chica de raza gitana del polígono Guadalquivir, absentista (ahora ya no), con rabillos de tres centímetros de largo, grandes aros dorados, labios perfilados de una marrón chocolate muy resultones con el blanco del interior, algunos kilillos de más y algunas tallas de menos en su atuendo; tercero de la ESO y unos 17 años. La chica ha ido pasando curso tras curso por imperativo legal y ahí la tengo con cuadernillos adaptados al nivel y muy poquitas ganas de trabajar. Pues yo, inocente cual primeriza ilusionada porque mis alumnos aprendan más allá de los colores, me animo a explicarle el verbo to be junto con los pronombres sujeto que lo acompañan (para los poco dados al estudio del inglés, I am, You are, He is, etc...). Después de un rato, parece que lo pilla por lo que sigo con el resto mientras se dedica a repasar lo aprendido con una actividad. Vuelvo y sospechando que posiblemente hay algo que no ha comprendido del todo, le pregunto: A ver, ¿qué significa I? (lo pronuncio /ai/). Abre los ojos como platos y muy seria me responde dudándolo un poco...¿qué me duele? Impresionante, he intentado no revolcarme por el suelo pero la situación ha sido desternillante. Por supuesto le he pedido permiso para escribir la anécdota, permiso que me ha dado algo confusa. En fin, otra de las mil anécdotas que nuestro gran sistema educativo nos ofrece cada día.
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miércoles 26 de noviembre de 2008
No está bien
Sin palabras...
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viernes 21 de noviembre de 2008
Música en las Aulas
Me gusta la música. Desde pequeña he tenido algún grupo fetiche al que adorar, y de adulta acumulo álbumes en mi Mp4 o en el maletero de mi coche. Me levanto unos días con Mano Negra y me acuesto otros con Chris Martín... en mi oídos. Es por eso, y porque me gusta enseñar, que procuro hablar de música actual, de conciertos y de nuevas bandas a mis alumnos. Y, es por eso, que procuro prepararles canciones con actividades cada pocas semanas.
Todos los que nos dedicamos a la enseñanza de idiomas somos conscientes de la importancia y utilidad de esta herramienta didáctica. Los objetivos didácticos comprenden desde la mejora en la pronunciación, la aplicación de reglas morfosintácticas o la ampliación de vocabulario, hasta el acercamiento a la cultura del país en cuestión. Sólo son necesarias una serie de reglas que debemos cumplir a la hora de hacer uso de la música en las aulas. Yo creo que la cumplo todas, o casi todas: variedad en la actividades, en la presentación de la canción (mediante el vídeoclip en primer lugar, fotos del artista, historia de la banda...), y sobretodo, en el tipo de canción que les voy a colocar.
Hace unos años, y con un grupo reducido de alumnos de 2º de Bachillerato, me atreví con los Smiths y no salió nada mal. Conforme he ido conociendo otros centros y otro tipo de alumnos, algo diferentes, he ido cambiando el registro musical, siempre dentro de unos límites. Es decir, me he ido adaptando a las circunstancias y a los gustos actuales de éstos, los alumnos del siglo XXI. En resumen, he hecho todo lo que está en mis manos para unir mis dos grandes pasiones dentro del aula. Sin embargo, todavía no he salido de una de estas sesiones musicales del todo satisfecha. Y, después de mucho analizar la situación, he llegado a una conclusión. El nivel musical de los críos de 15 años está por los suelos por dos razones: por un lado, el peep peep de la playstation es la banda sonora del 80 % de ellos; por otro, el resto no escucha más allá del raggaeton y las rumbas, y el que escucha rap o similar, está tan pendiente de colocarse la gorra y los pantalones enseña-culos que no se preocupa de asimilar lo que el rapero de turno les he está contando.
No obstante, no me doy por vencida, y para la próxima semana les tengo preparado otro temazo de los 40 Principales, eso sí, a las 8.30 de la mañana, que estarán tan alelados que no tendrán ganas ni de pelearse porque no les pongo a Melendi o El Barrio. ¿No se darán cuenta que cantan en español? Ay...cómo cuesta.
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viernes 3 de octubre de 2008
Vuelvo a Casa
El llevar tres semanas en mi nuevo emplazamiento sin haber creado una entrada digna de alguien que pega un saltito, o un gran salto para muchos, en la escalera de su vida; de alguien que, según otros, empieza a vivir realmente la vida, puede dar la impresión de que, en vez de un paso adelante,ha dado un paso hacia atrás. Y, puede ser este mi caso. No hubo destino para Cádiz, no hubo magnífico centro ni precioso ático. Vuelvo a casa... y para quedarme, al menos durante los próximos dos años. En Agosto,a pocas horas de la boda de Santi me machacaron con la noticia de un destino en Pama del Río, pueblo de mi familia a 5o kilómetros de Córdoba. El resto del verano pasó sin pena ni gloria, reorganizando mi vida, mis sueños y mis objetivos. En Septiembre, subo tres puestos en la lista y me mandan a Córdoba capital; no es Cádiz ni Málaga, pero el futuro se me torna menos oscuro. No tendré que dar clases a mis primos, cuidar eternamente de mi padre y pasear por las calles de un pueblo, que, aunque forme parte de mí y de mi infancia, ha pasado a convertirse en objeto de malhumor, peleas y tristeza. Nuevo destino: I.E.S. Guadalquivir: compensatoria, barrio marginal, niños problemáticos, mucho trabajo con los/as educadores/as sociales...en fin , un calco de mi antiguo centro en el estrecho. Bueno, pero como siempre digo, todo depende de donde vengas y yo no acababa de trabajar precisamente en un británico con niños de clases media-alta. El cambio ha sido para mejor sin duda. Aquí se acabó el breakbeat, raggaeton y el Canelita sonando por los pasillos; el olor a sustancias extrañas en el recreo y el descontrol con letras mayúsculas. Los niños están cortados por el mismo patrón pero son ligeramente más controlables. El equipo directivo es diferente... y hasta aquí puedo leer; y mis compañeros, muchos de los cuales van a pasar dos años por aquí, tienen bastante buena pinta. Esta vez seré yo la que les indique donde comer, pasear y salir, y a la que le toque empezar a ver Córdoba con otros ojos y otras ganas. Ah! se me olvidaban las cervezas de los viernes al acabar la tarea con mamá y sus compañeros/as. Sí, somos vecinas de instituto, acera con acera. Una tierna casualidad...
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lunes 8 de septiembre de 2008
COLDPLAY en Madrid 2008
El domingo pasado fui una de las 15000 privilegiadas/os en poder ver a la banda de Chris Martin, COLDPLAY, en directo en Madrid. Todavía hoy no puedo evitar estremecerme al acordarme de la escasa hora y media de música que nos regalaron. Un concierto impecable, perfecto, increíble... cualquier adjetivo es poco para describir lo que mis amigos y yo vivimos esa anoche. Desde la primera hasta la última canción la gente no paró de bailar, tararear el OOOOhhhh OOOOOhhhh OOOOOHHHH de Viva la Vida entre una y otra... Hacía tres años que no venían por aquí y ha valido la pena la espera. Con XY, Ana y yo pudimos verlos desde la primera fila. Esta vez, ha sido imposible. Los seguidores del grupo se han multiplicado por cientos y a mitad de la pista ya había un tapón que nos hacía imposible avanzar. Idea, subir a las gradas justo del centro del escenario. Sin duda la mejor de todas, en cuanto el de seguridad de la parte VIP de las gradas se despistó, allí estábamos los cinco corriendo para verlos justo en frente, sin pisotones ni agobios. Lo mejor del concierto cuando salieron del escenario para ir colocarse a nuestra izquierda, a tan sólo veinte metros!!! Ah! y por supuesto esa lágrimas de JP al escuchar In My Place! En fin, no tengo palabras para describirlo, sólo esperar a que vuelvan pronto o coger un vuelo y verlos en su isla. El mejor concierto de mi vida!!!
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jueves 28 de agosto de 2008
Algarve 2008
Después de muchas horas delante de agencias de viajes, dentro y fuera de la red; discutir las ventajas y desventajas de viajar a Argentina en su invierno, a Túnez en su verano o a la Riviera Maya a un aburrido resort all included, mi hermano postizo y amigo, Michel, y yo, nos decidimos por el país vecino, Portugal. Yo llevaba años sin ir y él no había visitado el sur. En diez minutos todo decidido, él baja de Barcelona en coche, me recoge y nos vamos a la aventura sin un hostal, hotel, ni similar, esperándonos. Eso sí, sabemos que no se nos pueden olvidar los bañadores ya que el viaje se resume en recorrer la costa sur del país.
Viernes Día 8: Salimos temprano para llegar a Sagres y pegarnos el primer chapuzón a la hora de comer. Sin embargo y debido a la filosofía ya acordada de no planear nada, paramos en Huelva en el pueblo de mi compañera de piso de Algeciras, Villablanca, que nos invita a comer productos de la tierra. Tengo que decir que después de haberla chinchado todo el año con su micropueblo, me pareció un pueblito con mucho encanto. Aún así, Michel se descojona con el nombre de uno de sus bares, “El Punto del Chirri”. Llegamos a la isla de Tavira en Portugal y cruzamos en un barco por 1.50 euros. La isla, que se encuentra en la frontera, está atestada de turistas españoles y portugueses. No es lo que buscamos pero nos damos un baño en aguas verdes y espesas por las algas. Hasta la punta de la barbilla del país no queda mucho así que lo hacemos del tirón. Una vez en Sagres y algo temerosos de no encontrar un sitio decente donde pasar la noche, acordamos que sea como sea queremos abrir la ventana de la habitación y ver el Atlántico. Dicho y hecho, 65 euros la noche y un raro olor a casa húmeda y vieja pero las vistas se pagan. Nos damos cuenta que es muy fácil encontrar “Cuartos, Rooms o Zimmers” por todos lados. Si en Tavira encontramos turismo familiar aquí sólo vemos a grupos de surferos que buscan en las playas de Portugal el espacio que en verano es imposible encontrar en la costa española. Ducha rápida y a probar el Vinho Verde en la “Casa Azul” (vino blanco típico de aquí). La botella que acabamos compartiendo nos abre el apetito y a unos metros nos encontramos con el restaurante “O Pescador”. Por 25 euros nos damos el lujo de una cena pantagruélica a base de arroz con marisco, en dónde el arroz es casi inexistente ya que la enorme cazuela esté repleta de marisco de todo tipo. La cena y la segunda botella de vinho verde acaba con nosotros en la cama a las 11 de la noche.
Sábado Día 9: El día se levanta radiante y tenemos una espléndida playa para nosotros justo en frente. Desayuno, café y batido de chocolate oyendo las olas. El agua está helada pero encontramos una roca dentro del agua, mullida por las algas y perfecta para tomar el sol. Antes de comer queremos ver el Cabo de San Vicente, espectacular por sus acantilados y sus aguas turquesas. Punto de encuentro de hippies venidos de todos lados. Me impresionan dos niños de no más de seis años con rastas a lo Bob Marley. Aprieta el gusanillo así que nos vamos a un pueblo cerca, Vila Do Obispo. En el restaurante Palherio comemos percebes a muy buen precio y un plato de pescado. Aún con lo bañadores húmedos seguimos en busca de playas desiertas y encontramos Praia Barranco en donde la arena nos azota de tal manera que tenemos que irnos. El coche tiene ya tanta arena y polvo y nuestros cuerpos y ropa tanta sal y humedad que empezamos a impregnarnos del espíritu bohemio de los que nos rodean. Para pasar lo que queda de tarde llegamos a Praia Zavial, arena blanca, rodeada de acantilados y lo más importante, vacía. Después de unas horas y ya cansados de descansar nos dirigimos al coche, pero algo falta en mi bolso… las LLAVES. Empiezo a sentir ese tan familiar estado de pánico. Corriendo como hacía tiempo que no hacía, llego al lugar donde estábamos, después de veinte minutos rayando dos metros cuadrados de arena con mis dedos, encuentro la batería también perdida de la cámara de Michel, y empiezo a escuchar a lo lejos como alguien me chilla. Sin distinguir si era a mí o si era el propio viento del atlántico me dirijo al coche a que el niño me ayude a rastrear, y allí me lo veo triunfante con llave en mano, la cual había sido llevada al chiringuito por algún solidario transeúnte. Acabamos el día cenando al lado del hotel; cena ligera y a la cama. Todavía nos queda costa por recorrer…
Domingo Día 10: Desayunamos en el mismo sitio de la cena (café y croissant para mí, batido y sándwich para él). Las mesas de alrededor llenas de surfistas que se dirigen a Praia Amado en Carrapateira. Enorme playa de olas, tablas y escuelas de surf. Después de disfrutar del lugar un buen rato, nos tomamos un par de cervezas Sagres en el chiringuito. Tíos/as buenos/as tostados por el sol y con la tabla bajo el brazo y Michel y yo disfrutando cada sorbo y sin un ápice de estrés en nuestros cuerpos. Sin embargo, el ansia de seguir viendo nos anima a investigar y paramos en Bordeira. Sin duda la mejor playa. Una duna kilométrica de arena blanca y templada nos conduce hasta el mar guardado entre acantilados. La llegada es más dificultosa que en la anterior por lo que está medio desierta. A las dos horas, el hambre nos empuja a un restaurante cercano. Esta vez toca caldeirada de pescado, que volvemos a engullir con vinho verde como ayuda. Para acabar el día elegimos la Praia Mons Clerigo a los pies de un pueblecito lleno de gente pero cuyos habitantes pueden presumir de vivir en la mismísima arena. Como digestivo un par de caipirinhas y un chapuzón al atardecer. No hay nada como estar de vacaciones… De vuelta en Sagres nos damos una ducha y nos abrigamos con lo poco que hemos traído ya que las noches son frías por aquí. Cena en la Casa Azul, un hotelito con mucho gusto para la decoración, el trato y la comida. Ensalada y pizza. Hoy toca sobrepasar nuestras acostumbradas 11 de la noche así que vamos a un sitio chill out que hemos visto a la entrada, Warung, muy pero que muy chill pero no nos dejan fumar dentro y con unos mojitos se nos hace difícil no caer en la tentación así que vamos fuera, donde engañamos al frío a base de ron con hierbabuena y anécdotas. Llegamos al hotel con la risa tonta de un día perfecto.
Lunes Día 11: Amanece nublado pero hoy toca hacer kilómetros hasta Lagos por lo que esperamos que el sol nos vuelva a acompañar en el viaje. Llegamos al pueblo sin saber muy bien hacia donde dirigirnos así que aparcamos en el centro. Por primera vez andamos más de dos metros por asfalto. Calles en cuesta adoquinadas que conducen a pequeñas placitas con tiendas de turistas y restaurantes. En uno de los mapas que conseguimos de la oficina de turismo, se nos recomiendan las playas que quedan a la derecha de las murallas. Se trata de pequeñas calas a las que se accede con barcas o kayaks que atraviesan grutas y enormes formaciones rocosas con caprichosas formas. El barquero que nos lleva y con el que acordamos nos deje en una de las calitas de lugar, nos señala las formas más peculiares que nos vamos encontrando: un camello, mujer embarazada, elefante, catedral... El trayecto, que dura 20 minutos, acaba en una playa de unos 30 metros de larga, que Michel y yo utilizamos para dejar las cosas y comer un bocadillo, el resto lo pasamos nadando, entrando en pequeñas cuevas, en busca de la playa perfecta. Por la noche, y como despedida, arroz con marisco o mejor, marisco con arroz y antes de llegar al hotel un tequila y un par de mojitos alternando con los surfers de la zona, y algún que otro personaje neohippie mientras el señor Marley suena de fondo…
Martes Día 12: El día se levanta lloroso y gris. Más o menos como nuestras cabezas. Desayuno y despedida de Portugal. Antes de cruzar la frontera aún nos queda algún rincón que visitar. Elegimos Armacao de Pera, cerca de la frontera. La playa del pueblo está atestada de gente y sombrillas por lo que deshacemos nuestros pasos en busca de algo más recogido. Al fondo hay una pequeña cala desde donde podemos nadar en busca de otras que estén desiertas. Es increíble como la gente prefiere compartir su espacio vital con cualquiera cuando a pocos metros está el paraíso en forma de arena y mar. Michel y yo lo encontramos nadando. La playa perfecta, arena amarilla, nadie alrededor y la amplitud del salón de tu casa. Las paredes que la recubren son de arcilla amarilla que Michel no duda en utilizar para cubrirnos el cuerpo y dejarlo secar tumbados en la arena. El tiempo vuela y nos esperan en Cádiz así que almorzamos en la arena un bocadillo y una cerveza con los que cogemos fuerzas para llegar al que, a mi parecer llega a ser el verdadero paraíso de la península...
Viernes Día 8: Salimos temprano para llegar a Sagres y pegarnos el primer chapuzón a la hora de comer. Sin embargo y debido a la filosofía ya acordada de no planear nada, paramos en Huelva en el pueblo de mi compañera de piso de Algeciras, Villablanca, que nos invita a comer productos de la tierra. Tengo que decir que después de haberla chinchado todo el año con su micropueblo, me pareció un pueblito con mucho encanto. Aún así, Michel se descojona con el nombre de uno de sus bares, “El Punto del Chirri”. Llegamos a la isla de Tavira en Portugal y cruzamos en un barco por 1.50 euros. La isla, que se encuentra en la frontera, está atestada de turistas españoles y portugueses. No es lo que buscamos pero nos damos un baño en aguas verdes y espesas por las algas. Hasta la punta de la barbilla del país no queda mucho así que lo hacemos del tirón. Una vez en Sagres y algo temerosos de no encontrar un sitio decente donde pasar la noche, acordamos que sea como sea queremos abrir la ventana de la habitación y ver el Atlántico. Dicho y hecho, 65 euros la noche y un raro olor a casa húmeda y vieja pero las vistas se pagan. Nos damos cuenta que es muy fácil encontrar “Cuartos, Rooms o Zimmers” por todos lados. Si en Tavira encontramos turismo familiar aquí sólo vemos a grupos de surferos que buscan en las playas de Portugal el espacio que en verano es imposible encontrar en la costa española. Ducha rápida y a probar el Vinho Verde en la “Casa Azul” (vino blanco típico de aquí). La botella que acabamos compartiendo nos abre el apetito y a unos metros nos encontramos con el restaurante “O Pescador”. Por 25 euros nos damos el lujo de una cena pantagruélica a base de arroz con marisco, en dónde el arroz es casi inexistente ya que la enorme cazuela esté repleta de marisco de todo tipo. La cena y la segunda botella de vinho verde acaba con nosotros en la cama a las 11 de la noche.
Sábado Día 9: El día se levanta radiante y tenemos una espléndida playa para nosotros justo en frente. Desayuno, café y batido de chocolate oyendo las olas. El agua está helada pero encontramos una roca dentro del agua, mullida por las algas y perfecta para tomar el sol. Antes de comer queremos ver el Cabo de San Vicente, espectacular por sus acantilados y sus aguas turquesas. Punto de encuentro de hippies venidos de todos lados. Me impresionan dos niños de no más de seis años con rastas a lo Bob Marley. Aprieta el gusanillo así que nos vamos a un pueblo cerca, Vila Do Obispo. En el restaurante Palherio comemos percebes a muy buen precio y un plato de pescado. Aún con lo bañadores húmedos seguimos en busca de playas desiertas y encontramos Praia Barranco en donde la arena nos azota de tal manera que tenemos que irnos. El coche tiene ya tanta arena y polvo y nuestros cuerpos y ropa tanta sal y humedad que empezamos a impregnarnos del espíritu bohemio de los que nos rodean. Para pasar lo que queda de tarde llegamos a Praia Zavial, arena blanca, rodeada de acantilados y lo más importante, vacía. Después de unas horas y ya cansados de descansar nos dirigimos al coche, pero algo falta en mi bolso… las LLAVES. Empiezo a sentir ese tan familiar estado de pánico. Corriendo como hacía tiempo que no hacía, llego al lugar donde estábamos, después de veinte minutos rayando dos metros cuadrados de arena con mis dedos, encuentro la batería también perdida de la cámara de Michel, y empiezo a escuchar a lo lejos como alguien me chilla. Sin distinguir si era a mí o si era el propio viento del atlántico me dirijo al coche a que el niño me ayude a rastrear, y allí me lo veo triunfante con llave en mano, la cual había sido llevada al chiringuito por algún solidario transeúnte. Acabamos el día cenando al lado del hotel; cena ligera y a la cama. Todavía nos queda costa por recorrer…
Domingo Día 10: Desayunamos en el mismo sitio de la cena (café y croissant para mí, batido y sándwich para él). Las mesas de alrededor llenas de surfistas que se dirigen a Praia Amado en Carrapateira. Enorme playa de olas, tablas y escuelas de surf. Después de disfrutar del lugar un buen rato, nos tomamos un par de cervezas Sagres en el chiringuito. Tíos/as buenos/as tostados por el sol y con la tabla bajo el brazo y Michel y yo disfrutando cada sorbo y sin un ápice de estrés en nuestros cuerpos. Sin embargo, el ansia de seguir viendo nos anima a investigar y paramos en Bordeira. Sin duda la mejor playa. Una duna kilométrica de arena blanca y templada nos conduce hasta el mar guardado entre acantilados. La llegada es más dificultosa que en la anterior por lo que está medio desierta. A las dos horas, el hambre nos empuja a un restaurante cercano. Esta vez toca caldeirada de pescado, que volvemos a engullir con vinho verde como ayuda. Para acabar el día elegimos la Praia Mons Clerigo a los pies de un pueblecito lleno de gente pero cuyos habitantes pueden presumir de vivir en la mismísima arena. Como digestivo un par de caipirinhas y un chapuzón al atardecer. No hay nada como estar de vacaciones… De vuelta en Sagres nos damos una ducha y nos abrigamos con lo poco que hemos traído ya que las noches son frías por aquí. Cena en la Casa Azul, un hotelito con mucho gusto para la decoración, el trato y la comida. Ensalada y pizza. Hoy toca sobrepasar nuestras acostumbradas 11 de la noche así que vamos a un sitio chill out que hemos visto a la entrada, Warung, muy pero que muy chill pero no nos dejan fumar dentro y con unos mojitos se nos hace difícil no caer en la tentación así que vamos fuera, donde engañamos al frío a base de ron con hierbabuena y anécdotas. Llegamos al hotel con la risa tonta de un día perfecto.
Lunes Día 11: Amanece nublado pero hoy toca hacer kilómetros hasta Lagos por lo que esperamos que el sol nos vuelva a acompañar en el viaje. Llegamos al pueblo sin saber muy bien hacia donde dirigirnos así que aparcamos en el centro. Por primera vez andamos más de dos metros por asfalto. Calles en cuesta adoquinadas que conducen a pequeñas placitas con tiendas de turistas y restaurantes. En uno de los mapas que conseguimos de la oficina de turismo, se nos recomiendan las playas que quedan a la derecha de las murallas. Se trata de pequeñas calas a las que se accede con barcas o kayaks que atraviesan grutas y enormes formaciones rocosas con caprichosas formas. El barquero que nos lleva y con el que acordamos nos deje en una de las calitas de lugar, nos señala las formas más peculiares que nos vamos encontrando: un camello, mujer embarazada, elefante, catedral... El trayecto, que dura 20 minutos, acaba en una playa de unos 30 metros de larga, que Michel y yo utilizamos para dejar las cosas y comer un bocadillo, el resto lo pasamos nadando, entrando en pequeñas cuevas, en busca de la playa perfecta. Por la noche, y como despedida, arroz con marisco o mejor, marisco con arroz y antes de llegar al hotel un tequila y un par de mojitos alternando con los surfers de la zona, y algún que otro personaje neohippie mientras el señor Marley suena de fondo…
Martes Día 12: El día se levanta lloroso y gris. Más o menos como nuestras cabezas. Desayuno y despedida de Portugal. Antes de cruzar la frontera aún nos queda algún rincón que visitar. Elegimos Armacao de Pera, cerca de la frontera. La playa del pueblo está atestada de gente y sombrillas por lo que deshacemos nuestros pasos en busca de algo más recogido. Al fondo hay una pequeña cala desde donde podemos nadar en busca de otras que estén desiertas. Es increíble como la gente prefiere compartir su espacio vital con cualquiera cuando a pocos metros está el paraíso en forma de arena y mar. Michel y yo lo encontramos nadando. La playa perfecta, arena amarilla, nadie alrededor y la amplitud del salón de tu casa. Las paredes que la recubren son de arcilla amarilla que Michel no duda en utilizar para cubrirnos el cuerpo y dejarlo secar tumbados en la arena. El tiempo vuela y nos esperan en Cádiz así que almorzamos en la arena un bocadillo y una cerveza con los que cogemos fuerzas para llegar al que, a mi parecer llega a ser el verdadero paraíso de la península...
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